Estuve en Nasca hace unos diez años con un objetivo claro; conocer las famosas líneas que tienen – además de una gran capacidad de asombrar a los visitantes – el poder de lograr que la gente aborde la mini avioneta que sobrevuela el paisaje desértico. No tenía pensado volver, pero un día, casi como un misterio, escuché hablar sobre un vino de Palpa. Un Syrah que decían estaba más que correcto. Cuando lo probé, supe que recorrería nuevamente los más de 400 kilómetros al sur de Lima.

En Palpa, a 45 kilómetros de Nasca, el aire es pesado, caliente. Mucho más que en Chincha o en Ica. El sol comienza a hacer fiesta desde muy temprano. En verano, época de vendimia, amanece cerca de las 5.30 de la mañana con una luz limpia, ideal para fotografiar. Pero lo más sorprendente de esta pequeña ciudad que forma una hondonada rodeada de cerros minerales, son unas pocas hectáreas de viñedos que a pesar de su juventud, están entregando vinos más que interesantes.

Ese mediodía nos encontrábamos sumergidos en el viñedo, recorriendo las 14 hectáreas, propiedad del ingeniero Carlos Lizier, quien hace cinco años, decidió concretar su sueño de hacer vino al sur del Perú; uno que fuera lo más natural posible, sin uso de pesticidas en el viñedo; sin adición de químicos, salvo las necesarias levaduras y los sulfitos mínimos. Y que además tuviera al Syrah como bandera. “El Syrah es una variedad que resiste muy bien el calor. Necesita altas temperaturas para madurar de manera óptima, y un ambiente seco”, asegura Carlos. Y cuenta que pasó varios años visitando zonas, buscando tierras, espacios para desarrollar un proyecto que nació como un hobbie, pero bien fundamentado.

Asegura que es el lugar ideal para sembrar Syrah, porque es una variedad que aguanta muy bien el calor. No cierra los estomas (poros de la planta) durante la evapo transpiración (pérdida de humedad de una superficie por evaporación directa junto con la pérdida de agua por transpiración de la vegetación), es decir que resiste muy bien el calor. Pero además de Syrah, también tiene unas pocas hectáreas de Cabernet Sauvignon, Malbec, Torrontés, y uno que ha llamado Malbec 5. Carlos asegura que esta variedad “secreta” es la que contiene mayor carga de resveratrol. Por ahora sabemos que nace al norte de Italia. ¿Tendrá algo que ver con el Amarone y su blend super poderoso?

Designios enológicos

Carlos Lizier es ingeniero de profesión, aunque la tierra lo persigue desde hace mucho tiempo. La familia de su esposa es originaria de Chincha, y estaban ligados con la producción vitivinícola. Al fallecer su suegro, heredaron algunas hectáreas y pensaron en plantar, pero el mal de la reforma agraria rápidamente hizo aparición y eso se fue diluyendo, hasta que el vino tocó de nuevo a su puerta después de mucho tiempo.

El nombre Lizier es francés, de eso no hay duda. Pero además, forma parte de uno de los pueblos más bellos de Francia. Saint Lizier está ubicado en la región de los Pirineos, cerca de Toulouse, tiene una población de menos de dos mil habitantes (4 mil menos que Palpa), y lo bautizaron así en honor a Lizier, el obispo fundador. Durante un viaje de reconocimiento a esa zona, se sorprendieron al ver una foto del venerado obispo, pues era muy parecido a su primo.

Además, el ingeniero Lizier tiene ascendencia argentina de la zona de Mendoza a donde viaja hace 40 años, y de donde trajo las plantas para desarrollar el vivero. Recuerda mucho a los salesianos en Mendoza, entre ellos el padre Oreglia, muy relacionado a la viticultura en la zona, con quienes desarrolló una larga amistad. Ahora vinifica en la Vinícola Salesiana en el centro de Lima, donde cuentan con equipos de avanzada tecnología. Las uvas son prensadas, reposan en contacto con la piel algunos días, y luego realizan la fermentación alcohólica en tanques de inox. Finalmente los dejan reposar al menos seis meses antes de embotellar y comercializar.

Detalles técnicos

Pocas cosas son tan atractivas para los amantes del vino, como sentir el viñedo, escuchar el sonido de los pasos que crujen al contacto con el suelo vivo. Es como una música, a un ritmo determinado. Y ahí estábamos, en medio del campo, donde la temperatura puede alcanzar los 38°C, y descender durante la noche hasta 20°C. Rodeados por cerros, por montañas de diversas tonalidades. Algunas muy oscuras que podrían acusar la existencia previa milenaria de un volcán. Otras son de residuos sedimentarios de material aluvial, deposición del río que entrega presencia franco arenosa, (60% arena y 40% roca). Curiosamente, en mayor o menor medida, este tipo de suelo (con diferencias en los tipos de roca y con arena más o menos fina) se encuentra en la mayor parte del sur del Perú, desde Cañete hasta Nasca.

El viñedo tiene orientación norte-sur, y está plantado bajo el sistema sudafricano de la manera más natural posible. Recorrer las tierras es adentrarse por momentos como en un jardín sin podar por mucho tiempo. Se podría pensar que es un lugar un poco “abandonado”, pero lo cierto es que eso tiene sus beneficios. Utilizan el riego por goteo desde el inicio (entre dos mil y cuatro mil metros cúbicos por hectárea), aunque el tema del agua no deja de ser una gran preocupación. Hay años particularmente duros a causa de la sequía que se extiende a veces hasta bien entrado el período de cosecha. La esperanza es que pronto se realice el proyecto de una represa para aprovechar el agua que pasa por el río Grande y se va directo al mar.

¿A qué saben sus vinos?

La es lo primero que se percibe. No hay mucho que inventar. Se nota que hay poco o nada que ocultar. En el caso del Syrah, que es su bandera, el vino entrega aromas intensos a frutos rojos de bosque, bayas y algo de frutos negros como ciruela. Notas especiadas, sí, con buena acidez.

La ventaja principal es que se puede terminar una botella tranquilamente acompañando alguna pasta o carne a la parrilla. En boca son frescos y ligeros.

Los vinos de la primera cosecha, 2011, han evolucionado de manera interesante. Desarrollan notas más “dulces”. Los sabores de la fruta se vuelven como fruta más madura, casi confitada y se expresa una nota terrosa.

¿Tendrán algo que ver los geoglifos que se plasman en los alrededores? No lo sabemos, pero creo que es un atractivo especial. Logro importante para el universo vinícola peruano que avanza y está apostando por una senda de crecimiento, por romper paradigmas y sobre todo descubrir lo que el suelo tiene para dar. No en vano, somos el primer lugar donde llegó la vid en Sudamérica. Eso vale, y mucho.

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Comentarios
  • Katherina Ray
    Responder

    Graciaspor explicar de forma muy sencilla y amena acerca de los vinos y derivados los que amamos el vino es sencillo tratar no sólo de probarlos degustarlo pero también entenderlos hoy tengo un poco más de tiempo y estoy viendo los vídeos gracias muchos éxitos ahora comiendo pizza artesanal margarita y tomando un Shiraz mezcla con Grenache de Australia 🤗 Desde Connecticut 🇺🇸

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